Ironman Kona 2017

Dicen que se compite como se entrena y se entrena como se vive… pues, ¿se compite como se vive? Ya me he liado y acabo de empezar…

Los días previos a la carrera, me sentía tan en paz conmigo mismo que llegué a comentar entre amigos familiares que la carrera me daba absolutamente igual como fuera. Que incluso si tuviese que abandonar no me sentiría frustrado ni triste, aunque evidentemente no era lo deseado.

Tras 19 temporadas como triatleta, de las cuales 13 enfocadas a la larga distancia, por fin me había clasificado para el Ironman de Kona. Esta carrera había sido mi zanahoria para ser cada día más competitivo, aunque por 4 temporadas (2010-2014) me había dejado muy tocado de moral, con serios problemas de salud tanto física como mental. Poder recuperarme de esa mala racha tan larga y volver a ser competitivo (incluso más que cuando tenía 10 años menos) era lo que me llenaba de orgullo, ya que en ningún momento cesé en buscar soluciones a todos los problemas que me salían por el camino.

Procedo a relatar la crónica:

Tras unos maravillosos días en familia en Kona en los que disfrutamos de todos los eventos previos al Ironman (travesía a nado, IronKids, desfile de naciones, underwear run, pasta party, etc) me plantaba en las aguas de Kona, flotando en el Océano a 10′ de la salida de una película. Una película que tantas veces había visto con ilusión, pegado al ordenador, y de la cual ahora yo sería el protagonista.

Tras juntarnos todos los españoles, me quedé con Jesús Henares colocado en la parte izquierda de la línea, siguiendo el consejo de Ricard Marí. Desde allí se nadaban unos metros de más pero se evitaban golpes. Mientras comentaba la jugada con Jesús, pasaron los escasos minutos que faltaban hasta el cañonazo de salida. Los primeros minutos de carrera tuve grandes sensaciones. Nadaba agarrando agua, fluyendo con mi Sailfish Rebel y disfrutando mucho sin apenas golpes. Esto último me sorprendió, ya que todo el mundo me decía que el agua de Kona era una batalla campal.

Llegando al punto de retorno, empecé a notar las lumbares tocadas. Creo que nadar en mar abierto sin traje me perjudica, ya que suelo mirar mucho hacia adelante para orientarme. Además, la travesía del anterior sábado la acabé algo tocado, cosa que achaqué al reciente viaje. Esta vez el dolor de lumbares apareció antes y toda la vuelta la hice con bastante incomodidad. Incluso hice “la medusa” dos veces para decomprimir espalda. En resumidas cuentas, la natación se me hizo bastante larga.

Una vez toqué pie en el suelo, no aguanté la tentación de preguntarle al guiri de al lado el tiempo del agua (ya que no llevaba Garmin). Este me comentó que habíamos nadado en 1h02!!! Vamos bien, pensé. Aunque en principio trataba de no pensar en marcas, uno siempre las tiene ahí en la retina.

T1 pestosísima… carpa pequeña con mogollón de gente dentro. Me puse los calcetines pero el suelo estaba empapado y la moqueta también, por lo que acabé haciendo toda la bici con calcetines mojados!! Buff…

Los primeros kms de bici me los tomé con mucha calma, rodando por las calles de Kona, disfrutando de la vista y la gente. Las imágenes que veía me dejaban maravillado… estaba entusiasmado com un niño por el hecho de estar rodando con mi E-119 por esas calles. Me emocioné muchísimo al ver a mi mujer y a los peques, pero me prometí a mí mismo no volver a hacerlo hasta llegar a meta: tenía claro que quería ser sólido en este Ironman. Me daba igual la marca. Aunque tenía siempre el sub10h en la cabeza, solo quería ser sólido en las tres disciplinas y que Kona no me venciese. Nada más.

Empecé a enfilar Queen K y solo podía pensar en una cosa: el vídeo Lava flows Kona. Ese vídeo de 3 escasos minutos que me flipa tanto… tanto como estar ahí por fin. Seguí a mis 200/205 watios, ultra consevador. La gente me pasaba en manadas, pero no tenía la menor intención de forzar la máquina. Mi velocidad era alta, no hacía casi viento y al ser temprano tampoco mucho calor. Pasé la primera hora de bici a 205 watios y casi 37km/h de media.

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A  medida que pasaban los kms la temperatura iba subiendo. Los watios se mantenían, pero ya iba viendo que el circuito iba a ser muy pestoso. Cada vez pensaba más en la charla que tuve con Andy Potts el jueves, cuando me dijo: “mantente concentrado! Si pierdes la concentración, bebe y recupérala otra vez”. Me lo tomé tan en serio que incluso me lo iba repitiendo en voz alta a mí mismo. Ivan stay focus…  qué flipao…

Sobre el km 50 algún capullo abrió la puerta del salón. Joder, con lo bien que se iba y de golpe entró un aire cruzado brutal. Ahora sí, en las bajadas había que estar más concentrado que nuca, pues te podías ir al suelo en cualquier momento. El calor era tan duro que me quemaba el cuello. Pero pensé… “Rayo, esto es Kona! Es lo que buscabas, embrace the suck!” (frase de Macca). Me pasó Javi Perez, repetidor en Kona, y le seguí la estela hasta que llegamos a la subida a Hawi, donde había un viento en contra brutal. Allí decido subir watios y ponerme de pie, ya que empieza a haber muchisimo tráfico.

La verdad es que el problema de Kona es que hay mucha gente. Claro que había drafting… siempre hay tramposos! Pero no eran pelotones como los de Calella, ni mucho menos. Allí era un constante fluir de bicis entre las que algunos oportunistas sacaban tajada y otros buscaban su espacio libre. Por suerte, puedo seguir diciendo que en 13 Ironman nunca he sido sancionado por drafting.

Subiendo a Hawi me regalé mucho. En el km 85 iba de perlas… me sentía genial. Fui tomando los geles 32Gi diluídos en mi bidón con sales y bcaa. Subí a 330/340 watios con mogollón de gente detrás, sin importarme demasiado que chupasen rueda. Hice el punto de giro, donde había un gran ambientazo, y empezamos una bajada en la que se iba muy rápido, con unos bandazos de aire espectaculares que si te pillaban bebiendo te ibas al suelo a 50km/h.

Comenté con Javi lo de los chuparuedas y me dijo que estuviese tranquilo, que a la vuelta morirán la mayoría de ellos. Y cuanta razón tenía! Volviendo, fui paulatinamente subiendo watios.  De 205 a la primera hora, al final acabé con 212 medios, haciendo toda la vuelta a 210/220 sin cebarme, fluyendo, estando concentrado todo el rato y pasando a muchísima gente que ya iba fatal, sin acoplarse ni nada. La verdad es que me esperaba más nivel en general.

Los avituallamientos… madre mía! Qué avitallamientos más largos. Había absolutamente todo y fri y muchísimos voluntarios en todos ellos. El bidón de agua extra que pillaba para mojarme lo vaciaba mojándolos a ellos/as, quienes me respondían riéndose. Había un cachondeo muy guapo. La verdad es que me sentía muy feliz y estaba disfrutando mucho sobre las dos ruedas.

Llegando a Kona vimos a Sanders, Kienle, Ben Hofman (ese creo que también hace álbumes de fotos…) y molaba mucho verlos en directo. Ya en bici nos cruzamos con ellos a la ída y entre los ciclistas comentamos la jugada en medio de nuestra carrera. Oye, ¿este quien era? y el segundo? Molaba estar en tribuna viendo a los pros.

La última hora de bici tenía las plantas de los pies ardiendo. Nunca me había pasado antes, pero seguramente del calor se me había ensanchado los pies. Me aflojé un poco las calas pero nada de nada.

Llegué a la T2, donde vi a Rosa y a los pekes. Transicioné lento, pues me cambié de calcetines, me puse la gorra, cogí geles y el porta dorsal, ya que durante la bici no hacía falta llevarlo. Me enfundo mis super Hoka One One y enfilo la rampita de salida de la T2. Para mí esa rampa era un “highlight” del día. Esa rampa por donde siempre se les ve salir a afrontar la maratón… Salí de la T2 no sin antes pedirle a una voluntaria que me embadurnase de nuevo con protección solar ya que me ardía el cuello.

El maratón consistía en dos bucles: uno por Alii Drive, de 15 km, con el punto de giro justo en frente de mi apartamento (mala tentación) y otro por Queen K, con el punto de giro al final de Energy Lab.

Afronté los primeros 15 kms como un calentamiento. Quería sufrir ese Ironman de una manera controlada que me permitiera recordar absolutamente todo lo vivido. Empecé a 4’40” durante todo el primer bucle. Había un ambientazo descomunal. Me crucé con las primeras chicas, vi a Elvis animando, la gente estaba en la calle con mangueras (a quienes pido que no me mojen, que no quiero perder más uñas de los pies!). Llegué al punto de giro y di media vuelta hacia Kona, regulando mucho. Había tramos de sombra, pero enseguida me di cuenta que aunque había hecho bien en hacer una bici consevadora y 15kms suaves, no será suficiente para no tener que dejarme la vida con tal de no andar y sacar una maratón sólida.

Llegué a Palani, donde me paré con mi familia y solucioné unos temas que Eric tenía que preguntarme,. Es increíble como un peque de 5 años puede vivir en su mundo hasta el punto de preguntarme cosas que no tenían nada que ver con el Ironman. Aún así, me fue bien para reírme un rato yo solo. Además creo que se merecían esa paradilla y dedicarles esos minutos. Lo recuerdo con mucho amor.

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Subí Palani al trote y afronté el gran coloso que es la Queen K. Por dios, qué duro. Ni una puñetera sombra, el sol te mataba lentamente. Cogía hielos en todos los avituallamientos y los ponía debajo de la gorra para ayudar a enfriar la cabeza, pero allí ya no habia nada que funcionase, aunque los avituallamientos eran espectaculares, con todo frío por duplicado. El ritmo fue bajando algo, pero yo seguí sigo por debajo de 5’/km. Durante toda la maratón me crucé con varios pros.

Segun lo que ví, creía que ganaba Kienle ya que no ví no a Lange ni a Sanders entrar. Por eso, cuando vi a Raña pensé que iba top 5 y le animé fuertemente. Luego vi a Frodo, a quien hice una reverencia, Le dije: “always finishing, well done!”  (siempre acabando, bien hecho!), y se tocó la gorra con un gesto de caballerosidad espectacular. Se me puso la piel de gallina al ver que me hacía ese gesto. Al poco rato veo a Eneko, quien iba tocado,  y también intercambiamos un saludo.

Por fin giramos a la izquierda y enfilamos Energy Lab. Bajadita con brisilla, que me sentó como si me abanicaran. Además había unas esponjas Cliftbar allí, que son XXXL y al ponertelas encima un escalofrío invadía mi cuerpo. Ya me daba igual si se me empapanba las zapatillas. Solo pensaba en refrigerarme. Llegué al punto de giro y les bailé a los voluntarios en Gangnam Style. Ya con los marchosos que son de por sí, al verme bailar se vienen arriba y varios corren conmigo unos metros riendo y chocándome las manos diciendo “looks great man!!!”. Qué momentos mas guapos… aunque ya iba muy tocado y con amagos de rampas en gemelo derecho desde el km 20.

La subida de Energy Lab, muy muy dura para mí. No andé, pero bajé muchísimo el ritmo. Solo piensaba en volver a llegar a Queen K y ya todo recto hacia Kailua. Volví a pasar por esponjas Cliff y recibí otro regalito en forma de escalofrio. Como lo agradecí… me duché en agua totalmente. Iba con todo señores… this is Kona, welcome to the Ironman!

Apagué el reloj los ultimos 14kms, ya no quería saber nada. No iba mal y recordé lo fatal que iba en sudafrica en ese mismo km. Aquí iba a 4’50” y aún me quedaba algo de mecha, pero Queen K te mata. Aire en contra, últimos kms con rectas larguísimas… ves al final el avituallamiento y nunca llegas!

Sobre el km 35 me sentía muy indispuesto. Paré unos segundos y andé… noooooooooooo! No quería andar! Me daba igual la marca, pero no quería que Kona me ganase. Quería lucharla, ganarme la medalla independientemente de la marca final!

Vi a 800 metros el avituallmiento y recé por que hubieran servicios, ya que iba muy muy indispuesto. Al llegar vi un precioso lavabo químico y me dejé la vida en él. Estuve dentro unos minutos y al salir las sensaciones eran muchísimo mejores. Mi única limitación era el gemelo, que se me iba a enganchar de un momento a otro. De hecho se me enganchó una vez, así que paré a estirar. Ya no necesité volver a estirar más, así que me concentré en no alargar mucho la zancada.

Le pregunté a un chico si creía que bajábamos de 10h y me dijo que sí, que íbamos bien, asi que traté de apretar. No sabía cuanto quedaba, yo solo veía toboganes y asfalto. Le pregunté a la gente de alrededor, pero todo el mundo me habla en millas y yo no me enteraba. Por fin vi que la carretera giraba a la derecha y bajábamos Palani. Última milla!!!

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Apreté bastante los dientes. “Ya lo tengo”, me decía. El rodeo que se daba a Kailua era duro, pero una vez entrabas en las calles principales ibas en volandas. “Ahora ya puedo emocionarme” me dije. Y al segundo me vi a mí mismo llorando como una magdalena, animado por cientos de personas, mientras veía la meta de fondo. Me sentía feliz, en paz y satisfecho de no haber tirado la toalla en una prueba en la que la marca era secundaria pero que decidí luchar con toda mi alma por el respeto que le tengo. Y la verdad es que me llena de orgullo haberlo hecho así. Creo que no tenía más en las patas.

Entré a meta y me pusieron un precioso collar hawaiano y una toalla. Dos voluntarios me preguntaron si quería ir al centro médico o a por la medalla. Tan mal me vieron? Solo pensaba en la medalla, me moría de ganas de verla. Era algo que soñaba hacía tanto tiempo… ¿como sería? redonda? con forma de hibiscus? Cuando la vi, con la tortuga tan bonita rompí a llorar de nuevo detrás de una palmera. Enseguida vi a Jose Arranz y nos fundimos en un abrazo que no puedo ni describir con palabras.

Vaya año llevo…

Ahora toca resetear, ya que aunque estoy bien creo que he estado muchos meses con el gas a fondo. Ahora toca lamerse las heridas, ganar unos kilitos y afrontar el invierno con cabeza para tratar de hacer un 2018 igual de ilusionante que este 2017.

Aloha…

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