Este año he perdido la cuenta de cuantos finishers he tutelado, creo que van por la treintena, pero lo más imprtante de todo es que el 100% de ellos han sido finishers, y solo que quedan 2 en Regensburg, que en teoría están más que fuertes, aunque nunca se sabe…
Pero una de las personas que más ilusión me ha hecho que lo consiguiera es David Molero, con quien he vivido todo el proceso, desde el apuntarse simplemente como todos los obstáculos tanto deportivos, como personales que ha tenido que superar en el proceso.
Me quito el sombrero ante su perseverancia y os dejo con una crónica de las que vale la pena leer y releer…

“El incoveniente de tener que hacer una crónica de tu primer Ironman y además haberte pegado casi 16 horas en completarlo, es que te pasan muchas cosas, probablemente más que al que llega en tan sólo 10 horas…o en 9 horas, como el muchachote este de Viladecans que iba sólo a entrenar, jejjejjee.
Intentaré ser breve, para no agobiar al personal.
El día comenzó bien, sin lluvia. Bien tempranito nos levantamos y pillamos la furgo Gerardo y su primogénito, Pedro y su primogénito, mi amigo Marcel y un servidor.
Llegamos a la zona de boxes sobre las 6 am. No es la típica zona de boxes de un Ironman con sus carpas para cambiarte, las bolsitas…esto es como un triatlón cualquiera. Dejamos las cositas y para la salida del agua que estaba a unos 1000 metros de la “Transition Area” (hablaremos con propiedad…). Llegamos con el tiempo justo para remojarnos un poquito y mover los brazos. La temperatura del agua perfecta. A las 6:55 salen los pros y a las 7 los mortales.
En el agua me sentí bien, relajado, confiado y optimista. Me costó orientarme, como de costumbre, pero después de casi dos horas, conseguí salir del agua sano y salvo, aunque con un poco de dolor de cervicales que luego me pasaría factura. La transición bien, me puse manguitos, calcetines y otros bartulos y al ataque! Miré y no vi la bici de Sara…bien!!!!!!!!
Los primeros 30 kms del circuito son llanos, y eran ideales para calentar patas, comer algo e intentar subir la media. En el camino me encontré con distintos personajes que amenizaron un poco la kilometrada. Entre ellos un yankie con un perfectísimo inglés, que me preguntó dónde estaba todo el mundo, que él en la salida había visto a más de 2000 personas. Acto seguido me hizo un listado de todas sus medallas y se puso a chuparme rueda…a mí!!!!
En la primera vuelta de bici me dediqué a comer exactamente cada media hora: media mulebar, un gel, un plátano, todo ello regado en abundante agua e isotónico. Cuando estaba sobre el kilómetro 80 me cruzé con Gerardo que iba aproximadamente en el 100. Grito de ánimo al canto. Los últimos kilómetros del circuito pasan por el centro de la ciudad y en algunos puntos el ambiente era brutal. La emoción me hizo cometer el primer error del día: me olvidé de comer cuando me tocaba, a las 12:30 justo cuando completaba la primera vuelta. Sobre el kilómetro 100 (el 10 de la segunda vuelta) me cruzo con Richard, le pego un grito de ánimo, me lo devuelve. Un poco más alante me visita una pájara del copón. Me enchufo dos geles y bajo un poco el ritmo. En 10 Kilómetros soluciondo. Cada vez me cuesta más acoplarme por el intenso dolor en las cervicales. Pero cap problema, viene el sube baja que caracteriza este circuito. Sigo devorando kilómetros y “hop hop”, se acabó la bici. Hago la segunda vuelta 30 minutos más lento que la primera. Mi amiga la pájara supongo que tiene parte de culpa.
T2 rápida y comienzo a correr cómodo, con mi trote porcinero, pero estable. En el km 6 me encuentro a Gerard, Marcel y a mi hermano. Me animan a que intente seguir a ese ritmo. Hasta el Km 10 todo en su sitio. Contentísimo de como iban las cosas. Me cruzo con Gerardo, nos abrazamos y se nos saltan las lágrimas, pero aspiramos a ser hombres de hierro y no nos podemos permitir estos actos de nenaza. Sobre el km 12 mis molestias en las cervicales me dan el toque; me mareo y se me nubla la vista, lo mismo que me sucedió hace tres semanas y que me obligó a estar de baja unos días. Camino un kilómetro como un puto zombie, intento comer pero no me entra nada. Vuelvo a correr, un poquito más lento que antes, pero constante y el dolor desaparece levemente. Parece que todo vuelve a la normalidad. Me voy cruzando con Toni a punto de acabar, Sara, Pedro y Latorre. Todos bien. A partir del km 18-20 empiezan las complicaciones: tengo calambre en los dos tendones de aquiles. Viendo la circunstancia mi hermano y Marcel comienzan a correr conmigo, a intentar ayudarme. Corro a ratos, marcho en otros momentos y camino bastante. Cada vez somos menos y esto parece el videoclip de thriller: Zombies everywhere. La última vuelta se hace interminable, pero hace rato que sabía que podría llegar antes del corte, y eso me tranquiliza y me consuela.
La meta está cerca. Comienza la fiesta, se acaba el sufrimiento. En la llegada hay mucha gente, mi madre y mi hermano me escoltan. El público golpea las vallas generando una ambiente ensordecedor…se acabó. Tras 12 horas de felicidad y casi 4 horas de agonía, llegué. Lo que pasa justo después, os lo podéis imaginar. Me dan una toalla pero no mi medalla de finisher, se han agotado y prometen que me la enviarán por correo. El ganador de la prueba se acerca y me felicita.
Pues esto ha sido un resumen de lo que pasó el domingo 25 de julio de 2010. Pero para mí ha sido una parte, importante eso sí, de cinco días de intensa convivencia, nervios, inquietudes y muchas risas con dos verdaderos hombres de hierro. Son de hierro no por haber completado esos 226 kms. Eso es fácil para ellos. Para mí son admirables por que lo han preparado teniendo que tirar para adelante de sus respectivas familias, de obligaciones laborales muy exigentes, de horarios de trabajo intempestivos y muchas otras cosas que sólo ellos saben. Manteniendo una compleja harmonía entre muchos aspectos de lo que supone el día a día en una familia. Me quito el sombrero ante estos dos hombres que han entrenado como han podido y cuando han podido, especialmente Pedro. Muchos se hecharían las manos a la cabeza viendo sus volúmenes de entreno…y mírenlo, ya nos gustaría a muchos oler ese resultado. Pero está claro, que lo primero es lo primero y hacemos esto por diversión. Olé por vosotros, Pedro y Gerardo.
No quiero acabar esta psedocrónica sin agradecer a Iván todo lo que ha hecho por mí. Ha ejercido más de psicólogo que de entrenador. Ha sufrido viviendo el desastre de preparación que he llevado, por el desastre de vida que he llevado durante este año, pero con todo y con eso siempre ha confiado ciegamente en mí. Gracias Rayo.
Y a los demás, gracias de nuevo. Han sido tantos los mensajes, que lamento no poder citar a todos los autores, pero gracias.
Para despedirme sólo deciros que no me siento de hierro. Todo lo contrario. Me siento más humano que nunca. Un hombre de hierro no llora cuando al salir del agua piensa en que su entrenador lo estará siguiendo por internet y se imagina su cara diciendo “Bien!!!”. A los hombres de hierro tampoco se les ponen los pelos de punta cuando en una rampa del 16% miles de personas anónimas gritan su nombre… y a los hombres de hierro tampoco le duelen todos y cada uno de los musculos y huesos de las piernas.
Para mí ha sido una experiencia muy intensa que me ha hecho sentir muy vivo.
Siento el tostón, pero estoy tan hecho caldo, que no puedo dormir”
David Molero
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